domingo, 4 de junio de 2017

Hay personas que llegan a nuestra vida como las tormentas de verano, inesperadamente y pisando fuerte, probablemente te arruinen los planes del día pero aparecen otros muchos mejores. Esas personas son las que sin quererlo acaban siendo de las que permancen en tu vida para siempre, de las que están en los momentos buenos pero sobre todo en los malos, de las que están a kilómetros pero las llamadas hacen que estén a centímetros, de las que cualquier excusa es buena para quedar, de las que las sonrisas salen solas, de las de los planes inesperados... Esas son mis personas favoritas, son únicas y especiales. Al igual que ellos en tu vida, tú apareces de manera inesperada en la suya cambiándola.

De esas personas hay algunas que más que cambiar tu vida la reforman y la revolucionan, la ponen patas arriba. Pero son justo estas personas las que no llegan para quedarse, llegan para marcar y seguir hacia delante. El destino pone a estas personas en nuestro camino para aprender, crecer, reír, llorar, disfrutar, sonreír... Pero las aleja precisamente por lo mismo. Son esas personas que te sacan las sonrisas más bonitas que tienes, las que no sabías que existían, a la vez que esas lágrimas tan sinceras que tampoco sabías que existían.

Son estas personas de las que cuesta tanto despedirse pero de las que te despides casi con ganas, son la tormeta y necesitas la calma que viene después. Cuesta tanto despedirse porque contabas con ellas para todo, eran la parte de confianza que te faltaba en ti mismo, no te despides de ellas con resignación como de las demás, sino con fortaleza y ganas de avanzar en el camino de la vida. Son estas las que alegran tus días malos pero hunden los buenos y los peores. Son estas personas con las que las horas se convierten en segundos y los momentos en recuerdos. Son las que acompañan a los arrepentimientos.

El destino muchas veces es más traicionero de lo que imaginamos aunque siempre nos enseña.

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